La profesora Claudia Perez Espinosa llega algo ajetreada al aula magna de la Universidad. Dominada por una incomodidad cada vez más evidente, sus palabras, en vez de dirigirla hacia el tema de cátedra, la van llevando una y otra vez hacia otro centro, en el que no está Foucault sino ella, la propia Pérez Espinosa. Tan mal están las cosas, que pronto le pedirá a sus alumnos que abandonen la materia. De entrada, en sus ojos -los enormes y expresivos ojos de Andrea Garrote- se lee el subtexto, “abandonen la materia, abandonen el cuerpo, porque miren sino hasta dónde puede llegar el dolor cuando se lo habita“.

Una inflexión involuntaria del destino convirtió un acto aparentemente ingenuo en el mayor peligro para sí: la mirada ajena como determinante de su vida. Y ella no puede evitar compartirlo, una necesidad mayor que su voluntad la obliga compulsivamente a seguir hablando de aquello que pasó. Quedó atrapada en su trauma, y la supuesta libertad que significa retomar su vida después de una licencia médica la aprisiona tanto como los motivos que la llevaron a perderla. Ahora, parada otra vez en el punto en el que debe desplegar su conocimiento frente a un auditorio que la mira sólo a ella, se ve en la obligación de dar su clase. ¿Podrá?

Con esta excelente premisa teatral como punto de partida, Garrote crea el espacio perfecto para dar rienda suelta tanto a sus inquietudes intelectuales – es la autora del extraordinario texto – como interpretativas, como única protagonista. En la intersección entre Garrote y Pérez Espinosa hay un ser entre dos tiempos: una gran actriz dando cátedra, y una profesora que no puede dejar de ser honesta, pese a que debería actuar aunque sea el tiempo que dure la clase. En ese recorrido de doble circulación, Garrote se expresa con sus verdades más personales: habla de lo que quiere y como quiere, es dueña de una enorme libertad y de las reglas del juego que plantea, y le da a quién la mira el goce de ser su alumno/espectador en lo que dura la obra-cátedra.

Sin hacer referencias teóricas, “Pudonor“ no habla de, sino que juega a Foucault, poniendo en escena juguetonamente sus teorías. Con sus obsesiones de siempre, y la inteligencia como rasgo transversal de su historia teatral (punto en común de la dupla que forma hace más de veinte años con Rafael Spregelburd, co-director de la puesta), el texto está lleno de lucidez e ironía, y es incluso cuando se despoja de ellas que redobla su profundidad, con una protagonista que ofrece su enorme sensibilidad para dar vida a esa pobre profesora que entendió que la manera más tristemente cierta de estar solo sucede, a veces, en la mayor de las exposiciones.

Vera Czemerinski

Pudonor

De y con Andrea Garrote.

Dirección Rafael Spregelburd & Andrea Garrote.

Teatro Hasta Trilce. Maza 177

Web: http://www.hastatrilce.com.ar

Entrada: $ 400,00 – Sábados 21:00 hs

 

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