Dos actrices encarnan múltiples personajes en una vorágine de ideas y pensamientos que suceden dentro de la cabeza de su autora. Tramas que se desarrollan y detienen, estructuras dramáticas incompletas, hipótesis que avanzan pero no llegan al clímax, mundos sensibles en constante mutación. Sentada en una casa de vidrio propone, de alguna manera, la representación imposible del proceso creativo. Tan alucinante como caprichoso, tan hermético como indómito, el moebius de la ficción se hace carne durante los 70 minutos que dura la obra y obliga al espectador a volcar toda su atención en la escena. 

Con dramaturgia de Paula Ransenberg; reconocida, entre otras cosas, por haber estado a cargo de los unipersonales Sólo lo frágil y Para mí sos hermosa, y haberle puesto el cuerpo a La suerte de la fea; la autora es también una de las dos protagonistas (junto a Daniela Catz) y esa decisión dialoga con la fábula que se construye a partir de un dispositivo que evoca al de las muñecas rusas, eternas e infinitas. La historia dentro de la historia en un espiral que avanza sin detenerse, siempre recordando lo explosivo de la creación: que implosiona y se derrumba, pero crece y se erige al mismo tiempo. 

La puesta de Marcelo Nacci destaca por su minimalismo y la capacidad para integrar, a través de pocos pero simbólicos elementos, las múltiples tramas narrativas. Con algo de magia y mucho de ingenio, las decisiones del director acompañan el encanto sinigual de las actrices, que lo dan todo para darle vida a los seres vulnerables e indomables que se aparecen en la mente de la autora, protagonista omnisciente de esta casa de vidrio que es, a la vez, el teatro y su cabeza.  

Por Julieta Bilik 

Dramaturgia: Paula Ransenberg. Dirección: Marcelo Nacci. Interpretación: Paula Ransenberg y Daniela Catz. Timbre 4, México 3554; viernes, a las 20.30hs; $380. 

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