Cerrar la puerta de la habitación para que el niño no te moleste y puedas ver el espectáculo medianamente concentrada. “Medianamente” porque el acto de pasaje que implicaba llegar al teatro, sacar tu entrada, encontrarte con alguien en la fila, hablar un poco, entrar a la sala, apagar el celular, ver las luces de sala que bajan y escuchar cómo el murmullo del público gradualmente va disminuyendo se redujo al solo acto de cerrar la puerta y entrar a un link en una computadora que está prendida desde el día uno de la cuarentena. Allí, en tu minúscula pantalla de laptop esperás ver algo parecido al teatro. 

Lo que se presenta del otro lado es un espejo absurdo de tu realidad absurda. Una habitación vacía, parecida a la tuya, con una silla y una pared donde se proyecta otro cuarto, en otro lugar, también parecido al tuyo. Así irán apareciendo, como en minúsculas peceras, las casas. En cada casa una chica también muy parecida a vos hace cosas que vos nunca hiciste: trepar la ventana, intentar alzar todos los libros a la vez, meterse en el placard y cerrar la puerta, armarse un amigx con un vestido y un sombrero, proyectar a otra en su casa para intentar entablar un diálogo.

Y poco a poco empiezan a verse las singularidades de cada performer y de cada casa en un devenir que conjuga repeticiones, cambios de plano, movimientos extracotidianos, ritmos variados y diseños sonoros relacionados más a un exterior añorado que al encierro actual. Todo esto dentro de un dispositivo que propone al espectador generar un recorte propio, asociar libremente y dejarse llevar por un fluir que tiene mucho de angustiante. 

Las casas y las performers se habitan mutuamente, se retroalimentan, se inspeccionan, se estiran y se comprimen, se deforman. Mientras tanto, una voz en off propone pensar la casa como un laberinto o como un mapa, se pregunta por el tiempo transcurrido y por la distancia, mientras el espectador detecta que, a pesar de que las performers parecieran dialogar entre ellas a través de las paredes o compartirse objetos que viajan de un espacio a otro, el encuentro con la otra es imposible.

Terminado el espectáculo la pantalla-espejo desaparece y quedás sola con tu casa y sus mil posibilidades expresivas.

“El murmullo de las casas” es el nombre de esta nueva producción de la Compañía cuerpoequipaje,  en su sexto año de actividad consecutiva, con siete performers que, desde sus casas en Argentina, Chile e Italia, transmiten vía streaming y en simultáneo hacia nuestras pantallas. Se presentará nuevamente el Domingo 11 de octubre a las 18hrs, pueden realizar sus reservas en http://www.alternativateatral.com/obra72431-el-murmullo-de-las-casas.

Por Agustina Soler

“El murmullo de las casas”

Diseño de vestuario: Pheonia Veloz / Diseño sonoro: Cecilia Candia / Redes Sociales: Compañía cuerpoequipaje, Miguel Mango / Música original: Cecilia Candia / Arte En Video: Gabriela Baldoni  / Diseño web: Moira Antonello / Diseño gráfico: Gabriela Messuti / Asistencia De Producción: Jennifer Toledo Puga / Asistencia de dirección: Micaela Irina Zaninovich / Producción ejecutiva: Rocío Ferrer, Micaela Irina Zaninovich / Colaboración coreográfica: Angela Babuin, Rocío Celeste Fernández, Bárbara García Di Yorio, Romina Laino, Josefina Sabaté y Baudron, Jennifer Toledo Puga / Coreografía: Tatiana Sandoval / Dirección: Tatiana Sandoval

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