Daniel vive con su hermana Magui y está enamorado de su mejor amigo Eliseo, con quien trabaja en un jardín de infantes. Magui vive con su hermano Daniel y está enamorada de su novio Álvaro; o tal vez ya no tanto. La cabeza da vueltas y vueltas. La tragedia merodea hasta caer en picada agitando los vínculos. Todo cambia, todo puede pasar. 

Con una estructura menos clásica que en “Como si pasara un tren”, obra anterior con la que cautiva al público desde hace cuatro años, Lorena Romanin logra acá una propuesta igual de fresca. El acento está puesto en las relaciones, en una historia que se adentra en lo dramático pero, como siempre, con una pátina de humor. Y va a ser humor negro en este caso. 

Una plataforma giratoria funciona como dispositivo escénico en el que los personajes rotan, se dan impulso, cambian de punto de vista y entablan complicidad con el público. Recurso memorable que es todo un hallazgo.    

Marco Gianoli, Salome Boustani, Claudio Mattos y Guido Botto Fiora protagonizan la obra, transitando con acierto la variedad de estados que la historia propone, en equilibrio volátil entre la tragedia y la comedia. Como expulsadas por una fuerza centrífuga, se suceden instancias que giran en torno el amor, el desamor, la culpa, el miedo, la amistad, el destino y la diversidad sexual, tema que la directora ya había abordado en su trabajo “Julieta y Julieta”. 

En esa calesita de sentimientos, en esa voltereta constante que marea, en la que todo muta y nos inquieta la incertidumbre por lo que puede suceder, surgirá la pregunta por el sentido. 

Por Paula Boente 

Dramaturgia y Dirección: Lorena Romanin Actúan: Marco Gianoli, Salome Boustani, Claudio Mattos y Guido Botto Fiora. 

Autor

Escribir comentario